El tiempo pasa… y no de largo
17 de Diciembre, 2007Y hay quien no se entera que somos los mismos envueltos en novedad… No sé cómo me tengo que ver para, a unas horas de coger el vuelo que me lleve a Barcelona vía Londres, tenga que parafrasear a Bosè y -pongámonos modernos- a la Watling. Pero, en fin, es que el tiempo pasa, uno no se da ni cuenta, empieza a contar y descubre que hace once meses que llegó a la city of blinding lights. Once meses o lo que ha durado mi experiencia como becario precario en la Gran Manzana, que es lo mismo. A partir de ahora, se inicia una nueva etapa, en la que no dejaré de ser precario, pero si becario. Un cambio sustancial si echo la vista atrás en los últimos tres años de mi vida. Thank God!
Nueva York me ha cambiado, aunque siga siendo el mismo envuelto en novedad. O casi. Es difícil mirar atrás e intentar valorar lo que ha hecho esta ciudad en mí. Me quedo con una cosa sencilla, pero muy importante: me ha asimilado, sin daño y sin esfuerzo. Camino por estas calles y me doy cuenta de que podría encontrar tranquilamente en Madrid, Londres o París. Uno camina y camina y ya no se le abre la boca a cada paso. Me sienta bien y me siento bien.
Y espero que a partir de este enero me sienta incluso mejor.Con un trabajo afianzado y haciendo de esta ciudad un hogar menos fugaz para poder sacarle el jugo que se merece. Sin prisas, con la misma voluntad con la que uno se lanza a caminar por esta cuadricula gigante. Ya veremos.
El trabajo me ha ofrecido la oportunidad de conocer y hablar con mucha gente. Y la vida social me ha puesto delante a gente que desde ahora es muy importante en mi vida. Unos se van y otros, pocos, se quedan. Y con algún otro seguiremos caminando juntos. Acompañado, Nueva York gana mucho. Y lo mejor que uno se lleva a cada instante son los rincones descubiertos en compañía. Son el mejor regalo: nunca se acaban.
Y mientras tanto esperaré tener la misma suerte que hasta ahora -es lo que tiene el mitómano- y seguir hablando o admirando de cerca a personajes como Martin Scorsese, Liza Minnelli, Javier Bardem, Glenn Close, Susan Sarandon, Plácido Domingo, Juanes y también Pat Pedraja, un niño que, tras superar la leucemia, recorre EEUU para conseguir que haya más donantes de médula, o Mariza, una madre que me abrió la puerta de su casa como si fuera uno más de su familia durante un día y quien lucha a diario para que este país saque sus tropas de Irak y su hijo vuelva a casa. Un placer.
El último placer me lo regaló un bar del Village: el Cubbyhole, donde además de encontrarme con mi Brooklyn-Harlem favorito, intercambié un saludo con Michael Stipe, el cantante de R.E.M. Mis nervios no me dejaron decirle más que una breve frase, pero tenerlo cerca, después de lo que he llegado a disfrutar con su música, fue algo increíble. Existe y es así de feo y delgaducho, pero tiene un carisma muy especial. Nos faltó la foto, aunque mi Brooklyn genuino lo hizo todo por conseguirla. Mientras tanto, otro dirty martini, please! Que esto no pare…
¡Feliz Navidad y que 2008 llegue lleno de salud y felicidad para todos!
¡Hasta pronto!