Unas horas antes

22 de Enero, 2007

Sí. David Valenzuela también tiene blog: Tales from the outside, versión estadounidense (intentaré que no muy neocon).

Faltan tan sólo unas horas para que empiece la gran aventura y he decidido introducir el primer comentario en esta bitácora, aunque no me propongo escribir una declaración de buenas intenciones, sino más bien plasmar lo que siento en estos momentos previos al inicio del viaje, del extraño viaje.

Los últimos han sido unos días muy intensos. Viajes inolvidables (Dublín, Granada), en los que he vivido reencuentros formidables, y una boda que salió redonda han marcado las últimas páginas de mis días en el viejo continente. Las despedidas, pese a todo, han sido verbalizaciones muy creíbles de varios “hasta luego”. Algo reconfortante. Compañeros de horas, amigos, familia y tú. ¡Qué difícil ha sido deciros adiós (especialmente a ti)!

Me marcho con un nudo en la garganta hacia el ansiado destino: Nueva York. “Follow your heart”, dijo ella. “I will”, respondió él. The city of blinding lights is waiting for me. Más desde allí.

Con la Chrysler de fondo…

24 de Enero, 2007

Aterrizado he. Aún no dispongo de internet en casa, por lo que incluyo unas breves líneas para comunicar a aquél a quien le pueda interesar que estoy bien, que el vuelo fue estupendo, que la casa es preciosa y que… trabajo con una magnífica vista de la Torre Chrysler de fondo. Alucinante. Tanto, quizás, como este país. Ya iré comentando las cosas que más me sorprenden de los USA.

Venga, van unas pocas:

- Hay banderas de barras y estrellas hasta en las iglesias. (XL, of course)

- Un café pequeño es el equivalente a un barreño de café del nuestro y, lo que es más, con una muffin de chocolate, vale unos 1,30 euros. (¿Sabéis qué es lo que desayunaré cada día?)

- Como en España (¡!), la mano de obra son los latinoamericanos: se oye español en todas partes.

- Como muchos me avisaron, no te da la sensación de caminar por calles desconocidas. ¡Gran poder tienen el cine y la tele!

- Los rascacielos no son tan altos como imaginaba y mi vértigo no es tan considerable. Trabajo en la planta 15 de un edificio y no es para tanto…

- La gente se pasa los semáfaros por donde quiere. Por la noche, si te saltas alguno, sólo tienes que hacer servir el claxon. (O eso o a mi taxista le dieron el carné en una tómbola de Nueva Jersey)

- Aún no me he encontrado a ningún famoso… ¡Cachis!

A unos -13º

26 de Enero, 2007

Sí, esa es la temperatura (-13º) a la que ahora mismo está la ciudad. Y sí, ya he estrenado el super gorro pseudo ruso y los guantes que me regalaron mis estimadísimos compañeros de Deportes. Hoy eran indispensables para salir a la calle.

A simple vista, hace un día estupendo: luce el sol desde primera hora de la mañana. Pero el frío es espeluznante. Relataré lo que llevo puesto para que, al menos, hoy esto sea cómico: camiseta térmica, camiseta de manga larga, camisa, jersei de lana, calzoncillos, pantalones del pijama (!!), tejanos, calcetines y zapatos. En la oficina, me he tenido que quitar el jersei y estoy pensando en quedarme en pantalones de pijama, porque ¡hace un calor! Sobreviviremos.

Aprovecho esta entrada para explicar que ayer fui a mi primer acto y cogí el metro por primera vez. Naturalmente, me equivoqué de tren, tuve que bajar y cambiar de tren, pero lo más importante es que fui capaz de comprar un abono al metro yo solito (la máquina expendedora cogió mi b¡llete de 20$ a la primera, a ver si aprenden en España).

El acto al que fui la presentación de un libro de escritores cubanos anticastristas. Disidencia, pero interna. Y la verdad es que me encantó. Resulta que ‘Voces de cambio’ recoge las obras que se presentan a un concurso prohibido que organiza la red de bibliotecas independientes de la isla, donde participan un montón de escritores noveles y con ganas de que exista libertad de expresión en Cuba. Muy interesante.

Sobre el acto, hay anécdota: se me sentaron al lado un par de señoronas cubanas muy enjoyadas. “¿Periodista español?  ¡Qué bueno! Me encantan los noticieros de TVE”, me dice una de ellas, para seguir con un comentario estupendo: “Con lo que critican los españoles a EEUU y todos acaban queriendo trabajar o estudiar acá”. Toma castañas.

Por cierto, confirmo que sí, sale humo de las alcantarillas, e informo de que he flipado al ver una especie de furgonetas que funcionan como oficinas de correos ambulantes, que venden sellos y aceptan sobres y paquetes. Todo es posible aquí.

Aclimatándome

5 de Febrero, 2007

Dos semanas. Eso es lo que ha pasado desde que aterricé en el JFK y me tomé mi primer café americano. Dos semanas de aclimatamiento a una ciudad que no deja de sorprenderme, pero que cada vez siento más cercana. Quince días, aunque parece que haga mucho más. Lo importante es el proceso de adaptación, y lo cierto es que creo que lo llevo mejor que bien. ¿Por qué? Muy fácil:

- Estar a -2º C es una temperatura primaveral. No hace frío. Cuando, como hoy, la temperatura más alta del día se sitúa a -8 y la mínima a -14, sí, uno tiene que abrigarse y taparse, sobre todo, las orejas, pero he descubierto que puede ser peor: aún no ha llovido ni ha nevado con consistencia. El viento en Manhattan es peor que en ninguna parte: los rascacielos hacen de cuchillas de afeitar. Es bueno saber que aún vendrán cosas peores. La mentalización es un plus.

- Hablando de temperatura, empiezo a habituarme a los grados Farenheit. ¡Bien! Ahora, las medidas de todo tipo es algo más que complicado: inches, feet, gallons, onzes… Me falta en los genes.

- El tema calles y avenidas, dominado. De la 1 hacia abajo, ya es otro tema… Pero para algo hay mapas.

- Bebo café americano sin azúcar compulsivamente y me he comprado uno que sabe a avellana y es el que tomo en casa todos los días antes de ir al trabajo. ¿Quién dijo expresso?

- Como sobre la una y media sentado ante la pantalla del ordenador y trabajando… cual americano venido al mundo.

- El conductor del autobús ya me da los buenos días, pero tal cual: “Buenos días”, en español. Además, ya sé localizar mi calle en mitad de la noche desde el autobús y no me da vergüenza gritar “En la 77″, para que me dejen en casa. Ah, y ya no me pierdo en el metro; finalmente no es tan complicado.

- He hecho mi primera colada en EE.UU. Genial. No resultó cara (unos 6$) y me hizo sentir parte de la comunidad. La lavandería de North Bergen, como el resto del pueblo, está llena de hispanos y hasta dan conversación. La dependienta de la tienda, una brasileña, me tomó por brasileño. Sí, a mí, aunque cueste creerlo; pero me ayudó en todo y hasta me dobló las sábanas mientras me explicaba que tiene una sobrina en Barcelona. Lo mejor de la tipa, las siguientes frases: “¿Cómo se le ocurre dejar España y venir a Estados Unidos” -con una magnífica cara de asco o de inmigrante maltratada por los tipos de inmigración del aeropuerto- y “Me encanta España y lo que me encantaría es aprender a bailar sevillanas”. Tal cual.

- Me he comido mi primera hamburguesa estadounidense. Pedazo de carne serrvida con champiñones, queso chedar y acompañada por ensalada y patatas fritas. Los aros de cebolla son opcionales. La mejor hamburguesa que he probado en mi existencia como tragón mayor del reino. Chumley’s no me defraudó y doy las gracias al catalán que me llevó. Se trata de un antiguo “speakeasy” del West Village, un bar clandestino durante la ley seca, que sigue estando literalmente escondido tras una fachada que no hace presagiar el magnífico pub que esconde.

- Ya estoy acostumbrado a las bebidas de moda Apple Martini y Vodka&Cramberry. El viernes salí por fin y pude degustar lo que se bebe en esta ciudad en algún que otro sitio más propio de Diagonal en amunt que de Raval, para que nos entendamos. Los precios, ejem, entre los 6$ del bar más cutre y los 12, 15 o 18$ del más refinado. Gracias a esto, he descubierto que siempre va mejor traducir a euros.

- He tomado el primer “brunch”. O lo que es lo mismo, la mezcla entre desayuno (breakfast) y almuerzo (lunch) que se estila comer los domingos. Los huevos, las patatas y la carne están siempre presentes, acompañados por café o te, ensalada de fruta y, lo mejor, la mimosa (cocktail de champán que debe funcionar contra la resaca).

- He asistido a un concierto en el Radio City Music Hall. Brutal. Ennio Morricone no defarudó a nadie. A veces, esto de ser periodista tiene la ventaja de que te inviten a estas cosas. El lugar es alucinante. Precioso, muy art-déco, te traslada a los años treinta… La del sábado, fue una noche estupenda bajo las estrellas del escenario del Radio City y escuchando la música de “La Misión”. Tuvo también su parte sorprendente. ¿Quién ha vendido ya todas sus entradas para el concierto que darán en marzo? Los Gipsy Kings. Flipa que te flipa.

- He estado en Tiffany’s -ni sonaba “Moonriver” ni yo desayunaba ante el escaparate-, en la tienda Apple -para flipar con su entrada a lo Louvre-, y en la maravillosa tienda de juguetes FAO Schwarz -quiero volver a ser un niño-.

- Visité Wall Street, la Zona Cero y Staten Island, desde donde se ve preciosa la Estatua de la Libertad. De esto ya se verán fotos.

- He mirado los precios del Ipod. No eres nadie sin uno. Promised.

Más, más adelante.

Anécdotas made in NY

6 de Febrero, 2007

Hoy he ido a conseguir mi Social Security Number, que nada tiene que ver con nuestra Seguridad Social… Es una tarjeta que te sirve para poder trabajar en EE.UU. y digamos que es donde se registran los años que uno cotiza aquí (yo, 0 patatero, no os preocupéis), pero cuyo mayor propósito es comunicar a quien pueda interesar (bancos, compañías telefónicas, inmobiliarias…) el estado de tu crédito en este país. Sí, vamos, que si tienes deudas, si has gastado y has pagado o eres un moroso. This is America.

He llegado por la mañana a eso de las 10.30h. y no he salido hasta pasadas las 12.30h. por un error en el sistema informático. Mientras me esperaba en una hilera de sillas llenas de chinos, con una sola china de intérprete que se ha tenido que multilicar luego por las ventanillas, tenía a un señor un pelín extraño sentado detrás de mí. Lo de extraño me ha sobrevenido al sentarme, ya que he creído que me hablaba, me he girado, y tenía una pinta extraña y estaba escuchando música con el sonido muy alto. Nada más sentarme, lo he sentido hablar y he pensado que estaba loco, hablando solo. Pero no. El hombre no hablaba, sino cantaba. Más bien rapeaba. Lo que ha empezado como algo que sólo oía yo ha pasado a ser hilo musical de una sala con unas cincuenta personas que parecían no darse cuenta de nada y permanecían en silencio. El tipo se ha ido animando, animando, cantando, haciendo gestos, medio bailando… Y yo, de los nervios. Me sacó de quicio. ¿Os imagináis a alguien así en la cola del INEM? Lo mejor de todo: no se ha enterado que llamaban a su número y se le ha pasado el turno ¡¡dos veces!! El Señor, a veces, atiende las plegarias de uno.

From disco to disco

12 de Febrero, 2007

Bueno, de acuerdo, sólo estuve en una disco… Pero estuve de fiesta, que es lo importante. Después de participar en la gran cena que mi casero catalán dio ayer para celebrar su cumpleaños, bajé a Nueva York y acabé en Pachá NYC. Lo sé. Manda huevos, que diría mi querido Trillo, irte de fiesta en New York y acabar en una discoteca española.

“Ibiza’s Best Nightclub lands in New York City”, reza en la puerta del local. Local de moda, donde sólo para entrar tienes que pagar 40$ y unos 12$ por copa. Somos ricos… La noche salió cara, pero la música estaba bien (si no cuento la sala latina donde se mezclaba lo mejor del perreo con lo último de Shakira, ¡muevan caderas!) y DJ Boris dio la talla en la que resultó ser la fiesta de San Valentín. (Me he enterado hoy al entrar en la web.)

Como tragaldabas que soy, no puedo dejar de explicar que la cena de cumpleaños de mi casero fue un éxito. Bebimos y comimos desde las 17h. hasta pasadas las once. Un menú compuesto de una amplia selección de tapas (chistorrita, boquerones, croquetas, gambas, jamón, parmesano…), caldo gallego y estofado. Una delicia para los sentidos que, encima, regamos con un buen Rioja -está más por las nubes que nunca en los States-.

Más de veinte comensales a los que bautizamos como Naciones Unidas: catalanes, dominicanos, cubanos, mexicanos, italianos y, sí, americanos (de ascendencia italiana, alemana y judía, que quede claro). Una mesa multicultural, donde el idioma que se hablaba era el inglés y que creo que simboliza muy bien lo que es este país.

PD: Acabo de ver en directo cómo Sting & The Police, reunidos por primera vez en mucho tiempo, abrían la gala de los Grammy… ¡Qué bien suena ‘Roxanne’! Anyway, poder ver estas retransmisiones en directo y a unas horas muy normales es de lo que más me gusta de estar aquí. ¡Viva el entertainment! (Stevie Wonder acaba de recibir el primer premio de la noche. ¿Cuántos lleva ya?)

(Casi) Famoseando

13 de Febrero, 2007

¿Cuenta el edificio de ‘Friends’ como haberse encontrado con alguien famoso? Me imagino que no, pero es que me hizo mucha ilusión levantar la vista y encontrarlo ahí y que mi acompañante me confirmara que sí, que esa era la famosa fachada de aquellos amigos en que nos queríamos ver todos. Qué tiempos…

Recapitulando me he dado cuenta de que he visto a gente famosa y conocida (aunque sea en alguna parte recóndita del mundo), empezando por mi primer encuentro con José Ángel Abad, corresponsal de Antena 3 TV a quien sigo con deleite por su pecualiar manera de hacer los directos. Tras él, me di de bruces (literalmente) con Ennio Morricone, que iba a dar una rueda de prensa en el Instituto Italiano de Nueva York. El viernes pasado le tomé declaración, por así decirlo, al escritor mexicano Carlos Fuentes, y me dio la bienvenida a Nueva York el escritor Eduardo Lago (último Premio Nadal y Premio Ciudad de Barcelona de Literatura). Hoy ha sido el turno del vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, a quien he enchufado mi bonita grabadora. ¿Dónde carajo están los famosos americanos? Who knows. (Porque supongo que no vale contar al famoso DJ Boris de Pachá, ¿no?)

Snow?

15 de Febrero, 2007

Pues sí, yo creo que hoy ha llegado la nieve a Nueva York. Cuando he salido de casa a las ocho de la mañana, me he encontrado al buenazo de mi casero limpiándome las escaleras de nieve para que no me cayera. Del camino que me separa de la parada del autobús al trabajo, he luchado con un viento infernal, calles heladas, montones de nieve y nieve diminuta que seguía cayendo. Todo eso era nieve, lo prometo.

Sin embargo, a lo largo del día, ha habido quien se ha empeñado en convencerme de que no era nieve, ni tampoco hielo. Se ve que se dice que se comenta que en la costa (esta ciudad es costa) la nieve se ha convertido en una mezcla de agua nieve, hielo y granizo. Según mi jefe, “David, esto es microgranizo, que es aún peor que todo lo demás”.

Un extremo que me confirmaba horas más tarde mi querido The New York Times, que en su portada digital decía “Not snow, not ice”, para dejarme claro de que aquello no era lo que ellos llaman “snow”. Ok, I got it. Lo que me he pasado el día evitando en mitad de la calle era una especie de granizo que provoca centenares de caídas (de las que misteriosamente hoy me he salvado), pero que da el pego tiñéndolo todo de blanco…

El lago de la ochenta

19 de Febrero, 2007

Paseando por el gran parque que tengo cerca de casa, he descubierto que también hay un lago aquí al lado. Todo el mundo lo llama el lago del parque de la calle 80, aunque en realidad tanto el lago como el parque están dedicados a un personaje que hasta hace bien poco no sabía ni que había existido: James Braddock, el famoso Cinderella Man. El célebre boxeador se compró una casita en este pueblo y aquí murió. Pero esa es otra historia.

El lago no es muy grande, pero es francamente resultón. Y más en invierno, rodeado de nieve y con casi toda su superficie helada. Casi toda. Un rincón se ha resisitido a congelarse y alberga una tropa de patos. La estampa me ha recordado una fábula que primero vi en una película que me encantó y luego leí en el libro que la inspiró.

“Hace muchos años había allí el lago más bonito de Whistle Stop… Y en el verano íbamos a nadar y a pescar, e incluso se podía remar si se quería. Un noviembre, una bandada de patos (habría unos cuarenta por lo menos) se posó justo en el centro del lago y, mientras estaban allí posados, ocurrió algo pasmoso. La temperatura descendió tan súbitamente que todo el lago se heló y se quedó duro como una piedra en cuestión de dos o tres segundos. Los patos, en vez de morir, salieron volando y se llevaron el lago con ellos. Y el lago está ahora en algún lugar de Georgia…” Más o menos eso escribió Fannie Flagg en sus ‘Tomates verdes fritos’.

Nueva York flamenco

21 de Febrero, 2007

Resulta que desde hace unas semanas Nueva York está de festival flamenco. Paco de Lucía, Estrella Morente, Sara Baras. Ellos y más están pasando por aquí. Las estrellas naturalmente no las cubre el becario. Pero al becario le invitan (tal cual) a cubrir otros eventos dentro del festival que no están nada mal, como una representación de bailaores de la Bienal de Sevilla o la presentación en Nueva York de nuestra ‘Carmen’ más internacional y contemporánea de la mano de Ramon Oller (que es lo que me toca mañana).

El espectáculo de la Bienal de Sevilla no estuvo nada mal, de verdad. Y además me descubrió un flamenco contemporáneo que me encantó. Sorprendente que uno tenga que venirse aquí para descubrir que el flamenco le gusta bastante más de lo que pensaba. Debo decir que el City Center de Nueva York, teatro al más puro estilo nazarí donde se presentó, no tenía ni una butaca libre y puedo asegurar que no todo el público era español ni hispano, sino que la gran mayoría estaba compuesto por estadounidenses, y es que el New York Times asegura que este festival es una cita ineludible para cualquier New Yorker.

Bueno, para cualquiera quizás, pero os aseguro que lo mejor de la noche fue descubrir que ese “ruido insoportable” que puede ser el flamenco no gustó al matrimonio que tenía en las butacas de delante. Lo de “ruido insoportable” fue lo que le gritó la esposa al marido (eran pareja seguro) al iniciarse la segunda parte del espectáculo.

Ni las palmas, ni el zapateao y ni mucho menos el cante que acompañaba a los bailaores fueron del agrado de la señora, que se pasó como un cuarto de hora tapándose los oídos con las manos y clavada en la butaca con la cabeza casi entre las piernas. Un espectáculo que acabó con un golpe del marido en la butaca mientras salían a escondidas a la mitad de la segunda parte.

La pregunta es si realmente nunca habían visto un espectáculo de flamenco y probaron a ver si les gustaba. Yo no lo tengo muy claro, pero puedo asegurar que la cara del marido mientras se largaba respondía más a un rostro lleno de satisfacción por haber sacado de quicio a una esposa insoportable. Todo son teorías. Pero una venganza de este tipo no deja de tener su gracia. O a lo mejor se enamoraron mientras estaban de visita a España y se encontraron de casualidad en un tablao de Sevilla muy torcidos de manzanilla, por lo que ahora no recordaron que el ruido espantoso no era de su agrado. Who knows.